LA SOCIEDAD POSTINDUSTRIAL COMO UTOPÍA

Profesor Asdrúbal Valencia Giraldo
Revista Facultad de Ingeniería, Universidad de Antioquia.

INTRODUCCIÓN

Mucha de la información que llega de los centros del mundo dice que la sociedad postindustrial es el porvenir que nos espera. Sin embargo, futuro es una noción que comprende todo lo que todavía no existe, aquello de lo que aún no se puede disponer y que, por consiguiente, no puede entrar dentro de la definición de objeto. Así, por principio, no pueda considerarse posible, con arreglo al sentido actual de esas palabras, una ciencia del futuro: su conocimiento y la objetividad son conceptos que se excluyen entre sí. Por eso cualquier pronóstico de su posibilidad debería estimarse como una utopía y las utopías no entran en el campo de la ciencia. A esta regla escapan tan sólo las presunciones que se derivan a la fuerza de leyes generalmente aplicables.

A pesar de tal imposibilidad, existe la necesidad, la obligación, de investigar sobre las causas científicas, técnicas, económicas y sociales que aceleran la evolución del mundo moderno, y de prever las situaciones que podrían derivarse de sus influencias conjugadas y relacionadas. Por esta razón la ciencia se ha visto obligada, desde mediados del siglo XX, a incorporar el futuro como un nuevo sector en el campo de sus averiguaciones, y ello a partir de los impulsos más diversos. Lo anterior porque un estudio serio de los futuros posibles y probables quizá nos acerque al día en que el hombre sea capaz de elegir futuros deseables y de configurar su destino, en lugar de sufrirlo[1].

Todo lo dicho significa que la predicción y la planificación no son procesos neutrales; son procesos ideológicos. La predicción y cómo se efectúa, es algo profundamente político y basado en todo un conjunto de hipótesis sobre las relaciones existentes entre presente, pasado y futuro, sobre lo que conocemos del mundo y cómo llegamos a ello, sobre la idea que tenemos de nuestro entomo, como actuamos sobre él y como actúa él sobre nosotros. Nuestras ideas sobre el futuro también están ligadas a conceptos como destino, providencia, accidente, libre albedrío o determinismo[2].

Las razones principales para estudiar el futuro, de acuerdo con la World Future Society[3] son las siguientes:

Pero frente a las razones para escudriñar el futuro y desentrañar sus posibilidades se plantean tesis como la del fin de la historia, que significa, evidentemente, el fin del futuro. A pesar de quienes predicen una nueva Edad Media, con las grandes transnacionales como nuevos señores feudales, son los gobiernos y los parlamentos nacionales quienes deciden abolir los controles monetarios, permitir la biotecnología, reducir las emisiones industriales o instituir una política demográfica. Esto no significa que siempre lo consigan; de hecho, uno de los problemas es que la naturaleza de los nuevos desafíos hace que para los gobiernos sea mucho más difícil que antes ejercer el control sobre los acontecimientos. Pero, hasta ahora, no ha surgido ningún sustituto adecuado para reemplazar al estado como unidad clave cuando se responde al cambio global[4].

Todavía seguimos teniendo futuro, tanto es así que simultáneamente se plantean formas utópicas y catastróficas del futuro y del tipo de sociedades que seguirán a la actual. Sin caer en las visiones apocalípticas es conveniente dar una mirada crítica, desde nuestra periferia, a algunas concepciones utópicas de la llamada sociedad postindustrial.

 

EL FIN DEL SUEÑO

Siempre ha habido una estrecha vinculación entre la fe en el progreso general de la humanidad y la fe en la necesidad del crecimiento y el desarrollo. De acuerdo con Basalla, la noción de progreso tecnológico, que ha configurado el pensamiento acerca de la naturaleza e influencia de la tecnología desde el Renacimiento, se basa en seis supuestos. Primero, la innovación tecnológica produce invariablemente una acusada mejoría del artefacto que experimenta el cambio; segundo, que los progresos de la tecnología contribuyen directamente a la mejora de nuestra vida material, social, cultural y espiritual, acelerando así el crecimiento de la civilización; tercero, el progreso realizado en la tecnología, y por tanto en la civilización, puede medirse objetivamente por referencia a la velocidad, eficiencia, energía o cualquier otra medida cuantitativa; cuarto, los orígenes, dirección, e influencia del cambio tecnológico están bajo total control humano: quinto, la tecnología ha conquistado la naturaleza y la ha obligado a servir a metas humanas; y sexto, la tecnología y la civilización alcanzaron su forma suprema en las naciones industrial izadas de Occidente[5].

La oposición a la idea de progreso apareció ya en el siglo XVII, pero no fue hasta mediados del siglo XX cuando se sometieron los seis puntos supuestos citados a una enérgica crítica desde una variedad de frentes. Desde hace unos treinta años, en sectores cada vez más amplios de la sociedad industrializada, hay un desencanto y hasta una hostilidad abierta en relación con el crecimiento económico[6] Se ha difundido el temor de que tanto nosotros como nuestro planeta estemos condenados al desastre a no ser que seamos capaces de frenar el crecimiento y reduzcamos la utilización de los recursos no renovables. Dos de los críticos más exitosos fueron E. J.. Mishan con su libro clásico Los costos del desarrollo económico E.F. Schumacher con Lo pequeño es hermoso y el epitomen de ellos fue Los límites del crecimiento del Club de Roma. [7,8,9,10] En la actualidad la literatura sobre esa futura catástrofe es enorme [11,12] Sin embargo, como se indicó, junto con las predicciones más sombrías coexisten las concepciones utópicas y risueñas.

Así pues, a partir de la década de los sesenta tanto en los países capitalistas centrales como en el mundo periférico se fueron generando diversas formas de reflexión, organización, acción y movilización de ciudadanos a propósito de decisiones científicas y tecnológicas, como expresión de esa nueva conciencia colectiva. Los asuntos a los cuales se refieren esas actividades van desde la política de armas nucleares hasta proyectos locales como la detección de nuevas actividades industriales que puedan afectar el vecindario.

La Biblia de estos movimientos fue el libro de Schumacher. En él se postula la posibilidad de una sociedad alternativa, democrática, descentralizada, participativa, con una relación armónica y sostenible a largo plazo con la naturaleza, en la cual se recuperen los valores espirituales del hombre que se considera han sido aplastados por el materialismo de la sociedad de consumo. De estos postulados utópicos se plantea la exigencia de tecnologías (alternativas, apropiadas, blandas, intermedias) que sean consistentes con ese ideal de sociedad. Las características utópicas de esa tecnología alternativa son las siguientes. [13]

Sin embargo si se hace un examen no romántico de esa sociedad alternativa, quedaremos atónitos con la ingenuidad de los utópicos. Dicen, por ejemplo, que serán capaces de moldear y remoldear las emociones, deseos y pensamientos humanos y llegar científicamente a ciertas y eficientes, decisiones comunes preestablecidas. Alegan que estarán en posición de desarrollar ciertos deseos colectivos, para constituir unidades sociales homogéneas a partir de agregados de individuos, y lograr que los hombres se comporten contra sus más fuertes instintos. [14]

Al mismo tiempo hablan de asumir el triunfo de la libertad y la necesidad de evitar las dictaduras a cualquier precio. No parecen capaces de notar la contradicción de que lo que ellos proponen después del período inicial, es la más dura de las dictaduras. Que sea científica no la hace menos dictadura. Es decir que no tiene ninguna consistencia interna esta utopía en la cual se conciben como simultáneamente factibles una gama tan amplia de objetivos. Esto no es posible ni siquiera como modelo teórico coherente. Sin embargo, este sueño de una nueva arcadia no se ha agotado, actualmente surge con nuevos ropajes bajo el nombre de sociedad post-industrial avanzada, o sociedad del conocimiento.

 

CARACTERÍSTICAS DE LA SOCIEDAD POST-INDUSTRIAL

Simplemente sociedad post-industrial es la que sucede a la sociedad industrial. Este término fue acuñado por Arthur Penty, un socialista gremial, que creía en una sociedad descentralizada, de pequeños artesanos y basada en la habilidad profesional. En la década del 80 Rudolf Barho también clamó por un socialismo postindustrial con rasgos bastantes similares. En la actualidad las concepciones varían pero, según algunos analistas, este tipo de sociedad estaba caracterizada por cinco componentes:

1. Sector económico: el cambio de una economía productora de mercancías a otra productora de servicios

2. Distribución ocupacional: la preeminencia de las clases profesionales y técnicas.

3. Principio axial: la centralidad del crecimiento teórico como fuente de innovación y formulación política de la sociedad.

4. Orientación futura: el control de la tecnología y de las contribuciones tecnológicas.

5. Tomas de decisiones: la creación de una nueva «tecnología intelectual»

Tales fueron las características que estableció Bell en sus análisis basados en datos de la década de 1960 y principios de la de 1970[15]. De la misma época datan los postulados de Touraine, quien a este tipo de sociedades las denomina posindustriales cuando se quiere indicar su diferencia con las sociedades industriales que las precedieron y con las cuales todavía se mezclan[16]. Las llama sociedades tecnocráticas si se enfocan desde el poder que las domina. Las designa como sociedades programadas si se definen de acuerdo con la naturaleza de su modo de producción En fin, en su estadio más avanzado, se les ha llamado sociedades de la información e incluso sociedades del conocimiento porque pertenecen a una era basada, sobre todo, en la capacidad intelectual del hombre. Por su ideología se les denominan también sociedades poscapitalistas y por su economía, posdesarrolladas en comparación con las sociedades «desarrolladas» de la nomenclatura actual.

Como afirma Drucker, "hasta hace poco todo el mundo «sabía» que una sociedad poscapitalista tenía que ser marxista y ahora todos sabemos que marxista es lo que no será la próxima sociedad." [17] Dicho autor también afirma que "corno sociedades los países desarrollados ya han entrado en el poscapítalismo, que rápidamente se está volviendo una sociedad de nuevas clases y con un recurso central como núcleo. El movimiento hacia la sociedad postcapítalista empezó poco después de la Segunda Guerra Mundial, pero sólo con el derrumbe del socialismo realmente existente se vio con toda claridad que hemos entrado en una sociedad nueva y diferente. La caída del socialismo no es «el fin de la historia», es el final de una clase de historia y el inicio de otra, la edad pos industrial, que algunos identifican con la sociedad posmoderna. [18]

 

LA REVOLUCIÓN POSTINDUSTRIAL

Las doctrinas del expansionismo y la teleología, y el modo sintético de pensamiento, son tanto los productores como los productos de la Revolución Postindustrial: pero esta revolución también está basada en tres tecnologías de las cuales las dos primeras se desarrollaron durante la (Primera) Revolución Industrial. Una de ellas emergió con el invento del telégrafo en la primera mitad del siglo XVIII. Esta fue seguida por la invención del teléfono en 1876 por Alexander Graham Bell y la telegrafía inalámbrica por Marconi en 1895. Luego la radio y la televisión aparecieron en este siglo. Estos dispositivos mecanizaron la comunicación, la transmisión de símbolos. Ya que los símbolos no están formados por materia, su movimiento a través del espacio no constituye un trabajo físico, significado que apenas se apreció recientemente.

La segunda tecnología emergió con el desarrollo de dispositivos que pueden observar y registrar las propiedades de los objetos y eventos. Dichas máquinas generan y recuerdan símbolos que llamamos datos. Algunos ejemplos familiares de máquinas observadoras de datos, también llamadas instrumentos, son el termómetro, el tacómetro, el velocímetro y el voltímetro. En 1937 se logró un avance considerable en la tecnología de la observación mecanizada, cuando se pasó de aquella a la electrónica, tras el invento del radar y del sonar en Inglaterra.

Los instrumentos pueden observar lo que no pueden observar los humanos sin ayudas protésicas, empero, análogamente a la comunicación, la observación no es un trabajo físico.

La tercera tecnología, la clave, apareció en la década de 1940 con el desarrollo del computador digital electrónico. Esta máquina puede manejar lógicamente los símbolos. Puede procesar datos como puente para convertirlos a información en forma utilizable y convertir la información en instrucciones. Consecuentemente, es una máquina tanto de procesamiento de datos (que produce información) como de toma de decisiones (productora de instrucciones)

Las tecnologías de la generación de símbolos, almacenamiento, transmisión y manipulación, posibilitaron la mecanización del trabajo mental para automatizar. La automatización es precisamente a lo que se refiere la Revolución Postindustrial.

El desarrollo y utilización de la tecnología de la automatización requiere comprender los procesos mentales involucrados. A partir de 1940 se han desarrollado muchas disciplinas para generar y aplicar la comprensión de estos procesos mentales y su aplicación en el control. Estas disciplinas incluyen las mencionadas anteriormente: cibernética, investigación de operaciones, ciencias del comportamiento, comunicación, administración y política, e ingeniería de sistemas. Estas disciplinas proporcionan el software de la revolución postindustrial, que al igual que la ingeníeria industrial, proporcionó mucho de la primera.

Ni el hardware ni el software de la revolución Postindustrial significan ser panaceas a nuestros problemas, y los pueden resolver bien o mal. El efecto neto de esta revolución depende de lo bien que utilicemos la tecnología y los fines para los que lo hagamos. La revolución puede hacerse regresiva si no la controlamos. Es controlable, aunque podemos no controlarla o hacerlo mal.

El futuro depende mucho de los problemas que decidamos atacar y de lo bien que utilicemos la tecnología para resolverlos. [19] Hay quienes predicen un tipo de Sociedad Postindustrial que sería una nueva Edad de Oro y en este contexto se denominan utópicos. Estos son los analistas que, sin ser necesariamente socialistas, son defensores de una mayor igualdad, tolerancia, de un entorno pacífico y del fin del despilfarro masivo y de la producción y distribución social irracional. [20] Tal vez el más conocido en el medio sea Alvin Toffler y por ello el análisis está centrado en su obra.

 

LA SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN

El impacto de los avances de la telemática no se limitará, tendrá implicaciones como el «apoyo a la información» que está cobrando creciente importancia. Casi todo progreso tecnológico comienza con un hallazgo decisivo en al algún hardware básico, seguido de un período bastante prolongado antes de que se invente un software apropiado para el hardware.

En este punto el progreso cobra la forma de desarrollo y perfeccionamiento de productos donde se aplican tanto el «soporte lógico» o software como el «soporte físico" o hardware, mientras todavía se cultiva el «soporte humano» o humanware. Este proceso abarca muchas etapas y el período en que una nueva tecnología tarda en cobrar popularidad entre los consumidores puede abarcar de quince a treinta años. Dada esta demora, es común que algunas aplicaciones más generales sean muy diferentes de las previstas en el momento en que se inventó el hardware. Baste pensar en el gramófono, el cine (discos y películas), el automóvil, el televisor. ¿Cuáles serán las aplicaciones de la telemática dentro de diez o veinte años?

En este momento nadie puede vaticinar cuáles serán las aplicaciones, pero se tiene una idea bastante atinada de las funciones básicas de los nuevos sistemas. Son herramientas para almacenar, procesar y comunicar el conocimiento. Si en el futuro cercano se crea un computador con f unciones de inferencia analógica, quizás sea posible convertir información (datos) en conocimiento (juicio infamando basado en la comparación de situaciones). Esto conduce a la conclusión casi inevitable de que la sociedad futura brindará creciente acceso al conocimiento y el saber tanto en el puesto de trabajo como en el hogar lo que dará al consumidor una gama aún más amplia de opciones. Parece pues, según estos analistas, que vamos hacia una sociedad con escasez de cosas y abundancia de saber [21.

Cuando se examinan los fenómenos que acontecieron en la década M ochenta, se tiene la impresión de que la revolución M conocimiento se está propagando por el mundo. Como cualquier transformación social y económica, esta revolución - hay que repetirlo - no se producirá de la noche a la mañana, sino que tal vez tarde años en completarse. Es muy probable que sobrevengan períodos de cambios rápidos e intensos y otros de estancamiento; incluso puede haber períodos donde se regrese a los valores de la sociedad industrial. Pero, según muchos analistas, es seguro que, en general, nos alejaremos cada vez más de la sociedad industrial para dirigirnos a la sociedad del conocimiento.

Futurólogos, como Thurov, indican que la tecnología y la ideología están sacudiendo los cimientos del capitalismo del siglo veintiuno. La tecnología está haciendo de las habilidades y el conocimiento las únicas fuentes de ventaja estratégica sostenible. Inducida por los medios electrónicos, la ideología se está desplazando hacia formas radicales de consumo individual de corto plazo precisamente en el momento en que el éxito económico depende de la disposición y aptitudes para hacer inversiones sociales de largo plazo en habilidades, educación, conocimiento e infraestructura. En el momento en que la tecnología y la ideología comiencen a separarse, la única pregunta que cabrá formularse es cuándo será el «gran sismo». Paradójicamente, en el preciso momento en que el capitalismo se encuentra sin competidores sociales tendrá que pasar por una profunda metamorfosis [22].

En ese futuro el recurso económico básico es y será el conocimiento. La sociedad postcapítalista estará dividida por una nueva dicotomía de valores y percepciones estéticas, la de los intelectuales interesados en palabras e ideas y la de los gerentes en personas y trabajo. Trascender esa dicotomía en una nueva síntesis será una filosofía central y un reto educativo para la sociedad poscapitalista [23] Incluso ahora el conocimiento y las habilidades han quedado como la única fuente de ventaja competitiva. Han llegado a ser un ingrediente clave en la ubicación de la actividad económica a fines del siglo veinte. Silicon Valley, Route 128 o la zona Experimental de Beijing están donde están porque allí es donde está la capacidad intelectual. No tienen nada más valioso[24]

Aunque el conocimiento se ha convertido en la única fuente de ventaja competitiva sostenible en el largo plazo, sólo puede ser empleado a través de las habilidades de los individuos. Como todo lo demás, el conocimiento y las habilidades se desplazarán a través de todo el mundo, pero más lentamente[25]. Las fuerzas de cambio a las que se enfrenta el mundo podrían ser tan trascendentales, tan complejas e interactivas como para exigir nada más y nada menos que una reeducación de la humanidad.

Un papel más importante para la educación implica muchas cosas, tanto filosóficas como prácticas. Por ejemplo, puesto que la innovación tecnológica crea trabajos nuevos al tiempo que destruye los viejos, los países desarrollados que no posean un sistema nacional de formación y reformación es muy probable que se encuentren en una posición más desventajosa que hoy en día. Sin embargo, la educación, en el sentido más amplio, significa algo más que «reequipar» técnicamente fuerza de trabajo, el surgimiento de clases profesionales o incluso el fomento de una cultura manufacturera en las escuelas y las universidades con el fin de mantener una base productiva. Implica también un profundo conocimiento de por qué está cambiando nuestro mundo, qué sienten otras gentes y culturas ante esos cambios, qué tenemos todos en común y, también, qué divide las culturas, las clases y los países. Este proceso no puede carecer de valores, también necesitamos un sistema ético, un sentido de la justicia y un sentido de la proporción al considerar los diferentes modos en que, colectiva o individualmente, podemos prepararnos mejor para el siglo XXI. [26]

 

LA UTOPÍA DE LA SOCIEDAD POSTINDUSTRIAL

Para visualizar el contenido utópico de la idea de sociedad postindustrial es procedente analizar, así sea someramente, algunos postulados de un autor tan popular como Alvin Toffier, expuestos en su obra en general, pero sobre todos en sus libros, La tercera ola, Las guerras del futuro y La creación de una nueva civilización. La política de la tercera ola. [27,28,29]

Es sus formulaciones Toffier muestra ser un ecléctico, cuyas fuentes de inspiración van desde Grarnsci hasta Milton Friedrnan, fue marxista, pero está ligado a las grandes empresas y ha sido editor asociado de la revista Fortune [30]. Por ello, a pesar del trasfondo derechista y de las estrechas conexiones de Toffier con el gobierno y las grandes empresas, el análisis que realiza en su obra es importante para los lectores que se interesan en el futuro. Toffier teoriza y racionaliza tendencias postindustriales destinadas a preservar las empresas privadas, sin embargo en sus escritos existe una vertebración subyacente que supone la emergencia de una formación social postcapítalista. Además muestra, como otros analistas, que muchos de los valores y conceptos que hasta hace pocos años constituyeron la bandera del movimiento obrero, han perdido vigencia.

Con el bagaje señalado, es apenas natural que la imagen de Toffier sobre la economía postindustrial parta de una variada combinación de concepciones, mezcladas con una metodología antimarxista y en este sentido está teóricamente más cercano a las postulaciones no marxistas de Bell. Esto se evidencia en la manera como subdivide la historia en olas, que no son más que una adaptación de las ondas largas de Kondratiev. Sus denominadas sociedades de tercera ola son una amalgama de las prácticas socioeconómicas actuales en los países capitalistas avanzados y una utopía postindustrial democrática e igualitaria, una esperanzada superación del mercado, donde vuelve el valor de uso.

El capitalismo se percibe en la convicción de que las sociedades de tercera ola descansarán en empresas multinacionales, aunque al mismo tiempo existirán amplias formas de instituciones socioeconómicas descentralizadas. En estas condiciones, Toffler sueña con que las empresas multinacionales privadas funcionen como instituciones nuevas y con fines múltiples ("lo pequeño dentro de lo grande es hermoso"). En el nuevo sistema económico global, Toffier ve la emergencia de toda una gama de nuevas formas de pensar, trabajar, interactuar, gestionar, producir y distribuir. E1 problema es que esto exigiría una nueva conciencia planetaria, que no se dice cómo surgirá Lo que postula es que los productos e instituciones masificados y estandarizados de las sociedades de segunda ola darán paso a productos pequeños, diversificados y desmasificados. Se desarrollará un extraño proceso en el que, de un lado, emergerán grandes transnacionales, instituciones económicas, políticas, culturales y científicas, y de otro, fuerzas locales que descentralizan la toma de decisiones de orden político y económico. Ambas tendencias debilitan y transforman el estado - nación y las economías nacionales propias de las sociedades industriales de segunda ola. La interacción global es la que permite la salida a los productos e instituciones pequeñas y desmasificadas a través de las antiguas fronteras de los viejos y descentralizados estados - nación. [32]

Toffier prevé, en contraste con esta imagen de una nueva tercera ola, desmasificada, con objetivos múltiples y capitalista, un conjunto de tendencias alternativas de desarrollo social, que trata de hacer pasar por una visión coherente y totalmente integrada de la tercera ola. La razón por la que estos otros elementos de la tercera ola aparecen como una alternativa es que su impulso al proceso productivo descansará fuera del dominio de las fuerzas y valores de mercado.

Recordando a Marx, Toffier considera que los sistemas económicos se han dividido en producción para el uso y producción para el cambio y aunque no prevé la desaparición del mercado, cree que las sociedades posidustriales descansarán sobre la base de un sistema económico que no será de mercado y donde el "hágalo usted mismo" estará ampliamente extendido al tiempo que existirá una estructura social de bienes y servicios individuales y comunitarios. La implantación de los "prosumidores", esto es, la gente que produce y consume sus propios bienes y servicios) comportará la pérdida de importancia de la economía de mercado tradicional , y por tanto la "desmercadización". Todo estará basado en el "hogar electrónico" y orientado hacia fuentes de energía renovables y hacia los instrumentos y servicios lúdicos, la autoayuda y los valores inducidos por el "prosumo", lo que sugiere "el fin del proceso de mercadización", no en la actualidad pero si muy pronto. [33]

La sociedad postindstrial de Toffier es una paradójica combinación de industrias multinacionales y comunicación transnacional que une los "hogares electrónicos" locales con el marco global o con la conciencia planetaria". Al rechazar las economías aisladas, autosuficientes y anteriores al desarrollo del mercado, elabora una imagen de división y descentralización social radical que eventualmente descansará en el "agostamiento del mercado". En Toffler se debe elogiar la defensa de un mundo caracterizado por valores más globales y universales, en contraste con los prejuicios provincianos vigentes, así como de nuevas formas de producción no alienantes y respetuosas con el ambiente. La forma en este orden social "prosurnidor" puede subsistir, tanto en el plano local como en el global, sin formas de producción y distribución ni socialistas ni basadas en el mercado, es el aspecto utópico que Toffier comparte con algunos de los teóricos de la sociedad postindustrial pues su incapacidad para probar la compatibilidad de la integración supranacional y la descentralización no es algo característica solamente de él [34]

De otro lado, debe recordarse que, además de los catastrofistas, hay quienes sostienen que no vamos hacia una edad de la información sino hacía una era macroindustrial donde la producción tangible de objetos será la actividad central, en contradicción directa con Toffier y demás utópicos postindustriales[35]

 

CONCLUSIÓN

En estos tiempos posmodemos se habla con desdén y cinismo de la utopía, de los proyectos colectivos de futuro. Ya se vio que es común oír hablar de la modernidad y el industrialismo como si fuesen cosa del pasado. La sociedad industrial estaría siendo reemplazada por la sociedad postindstrial, la sociedad materialista -depredadora de la naturaleza superada por un orden social posmaterial. En este sentido la literatura está llena de frases como "hacer al género humano más noble, más bello y más armonioso", "asegurar el triunfo de la paz, la libertad y la razón", "eliminar el atraso cultural " , pero las propuestas, obviamente, no explican con claridad cómo lograrlo.

Primero que todo, debe anotarse que a pesar de la retórica posmoderna y de lo ya señalado sobre el futuro, no parecemos estar acercándonos al fin de la modernidad, sólo a la crisis de su razón histórica y al despliegue hipertrofiado de su razón instrumental. La utopía de la sociedad de la abundancia material sin límites, es una de las que se impone en todo el planeta. Hoy, en una forma más acelerada que nunca antes en la historia, con eficacia sólo posible gracias al prodigioso desarrollo tecnológico, se dan en el mundo "subdesarrollado" compulsivos procesos de modernización.

Además, hay que señalar que, en su modelo, Toffier dice poco o nada sobre los nuevos trabajos, los nuevos salarios, los servicios sociales, etc. destinados a la mujer. ¿ Los millones de trabajos escasamente remunerados que hacen las mujeres se convertirán en trabajos bien remunerados en los "hogares electrónicos" ¿Se basarán en el trabajo barato de las mujeres como ocurre en los países del tercer mundo, por ejemplo en la industria microelectrónica? Toffier es paladín acrílico de la nueva tecnología y de las empresas transnacionales ¿y cree tan ingenuamente. Que esos grandes consumidores de energías no renovables y principales beneficiarios de las políticas militares actuales serán los que construyan el futuro post industrial pacífico y en armonía con el ambiente?

Más aún, es claro que los trabajadores de los "hogares electrónicos" tienen que olvidarse de forjarse una carrera y que cuantos más trabajadores permanezcan en sus hogares, tanto menos respaldadas estarían las demandas que éstos hagan. Las redes de autoorganización y asociación de estos trabajadores no es fácil porque se caracterizan por ser apáticos y aislados. Estos son apenas algunas de las cuestiones prácticas que pasa por alto la visión utópica de Toffier.

Sin embargo, a pesar de que estas anotaciones están centradas en las ideas de Toffier, hay grandes contradicciones entre éste y otras concepciones de lo que es la sociedad postindustrial. Sin embargo el principal problema, a nuestro modo de ver, es lo que sucederá con los que Latouche denomina «náufragos del desarrollo», es decir, los marginados del mundo. [37] De cómo se acomodarán en la sociedad del conocimiento. Sin duda las predicciones de Bell sobre el paso de un modo «economicista» a uno «socializante» han fallado si se piensa en la era de las concesiones y adquisiciones clientelistas, de la privatización y de las grandes transacciones financieras. El alza en el porcentaje que hoy asumen los servicios, sin duda uno de los mayores cambios seculares del capitalismo del siglo XXI, ha ocurrido en lo fundamental, a expensas de la agricultura y no de la industria manufacturera y, en todo caso, el empleo en esta última, nunca ha incluido a la mayor parte de la fuerza laboral. El proceso de «desindustrialización», como es lógico, implicó una disminución en el porcentaje de la producción y del empleo en el sector manufacturero. En otras palabras, se trató de un cambio relativo, ya que decreció la participación de la fuerza laboral en la industria, mas no el número absoluto de empleados del sector. [38]

Afirma Latouche que la sociedad del posdesarrollo no es posmoderna; sólo lo es en cuanto a su ruptura con la razón utilitaria. La imbricación de lo económico en lo social se disuelve en un funcionamiento de la sociedad con el objetivo del bien común, precisamente lo que desea la sociedad utópica, pues ésta debe aspirar a la felicidad de todos sus miembros, aunque sin duda, por razones de equilibrio social, ecológico y para mantener una cierta calidad de vida, no es deseable que ese número sea muy elevado.

Estas concepciones o anhelos son frutos de la modernidad porque ella ha dado legitimidad, de manera irreversible, a la búsqueda individual de la felicidad, idea que se está imponiendo aún en las milenarias sociedades colectivas de Asia. La sociedad postindustrial utópica retorna el ideal de equilibrio de las sabidurías anteriores y da un contenido pleno al antiguo objeto del bien común. Se logre ello o no, está claro que el siglo XXI no va a ser una versión corregida y aumentada del siglo XX [39,40]

 

El logro de la utopía exige que no haya un progreso tecnológico en el sentido tradicional del término, pero acepta la posibilidad de un progreso limitado hacia una meta cuidadosamente seleccionada en un marco delimitado. Ni el registro histórico ni nuestra comprensión del, papel actual de la tecnología en la sociedad justifican el retorno a la idea de que existe una conexión causal entre los avances tecnológicos y la mejora general de la especie humana. Por ello, hay que descartar la popular pero ilusoria noción de progreso tecnológico. En su lugar deberíamos cultivar el aprecio por la diversidad del mundo producido, la fertilidad de la imaginación técnica y la grandeza y antigüedad de la red de artefactos emparentados[41 Y aunque debemos trabajar ahora para modelar el futuro, no debemos olvidar lo que anota un utópico como Lorenzo de la Torre. "Las utopías sociales son un recurso ingenioso para mostrar un orden social perfecto sin decir cómo se llega a él. En ellas hay una dosis de realismo que se cruza con un ideal inalcanzable; y es en esta combinación contradictoria donde radican su encanto y su capacidad de influir en la historia" . [42]

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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[23] DRUCKER, Op. Cit

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[25] THUROV, Lester C., Op. Cit.

[26] KENNEDY, Op. Cit.

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[28] TOFFLER, Alvin y H. Toffier. Las guerras del futuro, Plaza y Jan¿s, Barcelona, 1995

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[36] LANDER, Edgardo, "El dogma del progreso universal", El límite de la civilización industrial, Nueva Sociedad, Caracas, 1995, p. 9.

[37] LA`17OUCHE, Serge, El planeta de los náufrago - Ensayo sobre el posdesarrollo, Acento editorial, Madrid, 1993.

[38] CALLINICOS, Alex, Contra el Postmodemismo, El Ancora Editores, Bogotá, 1993.

[39] VALENZUELA Feijoo, J.C., El mundo de hoy. Mercado, razón y utopía, Anthropos, Barcelona, 1994.

[40] LATOUCHE, Op. Cit., p. 199.

[41] BASALLA, Op. Cit., p. 263.

[42] TORRE, Lorenzo de la, "Física y utopía", Revista Universidad de Antioquia, No 246, diciembre, 1996, p. 4.